
viernes, 19 de febrero de 2010
EL JOVEN MURILLO

viernes, 12 de febrero de 2010
AÑO DE NIEVES, AÑO DE GOTERAS
Podría empezar desproticando de todas las formas posibles sobre lo cansada que estoy de nieve y de agua.
Tanto que nos quejabamos de la sequía, pues a Santa Barbara, todas las plegarias se le han tenido que hacer una y bastante grande.
Porque desde noviembre aquí no ha parado de caer agua en todas sus composiciones posibles.
Ya no es que tenga goteras, en mi casa, sino que se me han adornado hasta las paredes y le está naciendo hasta vegetación.
No es por quejarme, pero aquí no es que estemos muy acostumbrados a ver siempre dias nublados y llevar el paragua como el que lleva las llaves de casa para poder volver...
Con que solo me quejaré un poco. Aunque si después de tanta nieve, granizos, escarchas, heladas y agua siguen vivos mi naranjo y mi limonero. Simplemente se habrán inmunizado para toda la vida.
Lástima de carnaval, otro año con el disfraz sin poderlo estrenar. Haber como se presenta el que viene....
domingo, 7 de febrero de 2010
NEGRAMARO BLUCOBALTO (versión acústica)
Hace unos días mi amiga y paisana FIRENCE, me envió esta canción en mp3. Simplemente me maravilló. Desconocía el autor.
De sobra creo que es conocido que soy una fetichista del color azul. Con lo que más aún me ha impresionado esta canción. Aunque me trae a la mente a Víctor Hugo había manifestado “L'Art c'est l'azur” ( El arte es azul ) . Y al primer libro que escribió Dario AZUL.... Darío, un ardiente admirador del autor francés, como muchos de los adolescentes amantes de la literatura en la América hispánica del momento, fue preguntado si el comentario había incitado el nombre de su libro. Darío afirmó su familiaridad con el uso de la palabra en otras obras pero por desgracia total desconocimiento de tan espléndida afirmación.
AZUL... fue editado tres veces durante la vida del autor. La primera edición fue publicada en Valparaíso, Chile por la Imprenta y Litografía Excélsior que terminó de imprimir el libro el 30 de julio de 1888. La segunda, más amplia incluyendo tres poemas en francés, se editó en la ciudad de Guatemala por la Imprenta de La Unión en 1890. La tercera, con el contenido reducido, en Buenos Aires por La Nación en 1905. El debate continua, ¿ es la segunda o la tercera edición la autoritaria ?.
Os dejo algo para que se os haga la boca agua.
En las pálidas tardes
yerran nubes tranquilas
en el azul; en las ardientes manos
se posan las cabezas pensativas.
¡Ah los suspiros! ¡Ah los dulces sueños!
¡Ah las tristezas íntimas!
¡Ah el polvo de oro que en el aire flota,
tras cuyas ondas trémulas se miran
los ojos tiernos y húmedos,
las bocas inundadas de sonrisas,
las crespas cabelleras
y los dedos de rosa que acarician!
En las pálidas tardes
me cuenta un hada amiga
las historias secretas
llenas de poesía:
lo que cantan los pájaros,
lo que llevan las brisas,
lo que vaga en las nieblas,
lo que sueñan las niñas.
Una vez sentí el ansia
de una sed infinita.
Dije al hada amorosa:
--Quiero en el alma mía
tener la aspiración honda, profunda,
inmensa: luz, calor, aroma, vida.
Ella me dijo: --¡Ven!-- con el acento
con que hablaría un arpa. En él había
un divino aroma de esperanza.
¡Oh sed del ideal!
Sobre la cima
de un monte, a medianoche,
me mostró las estrellas encendidas.
Era un jardín de oro
con pétalos de llama que titilan.
Exclamé: --¡Más!...
La aurora
vino después. La aurora sonreía,
con la luz en la frente,
como la joven tímida
que abre la reja, y la sorprenden luego
ciertas curiosas mágicas pupilas.
Y dije: --¡Más!... Sonriendo
la celeste hada amiga
prorrumpió: --¡Y bien! ¡Las flores!
Y las flores
estaban frescas, lindas,
empapadas de olor: la rosa virgen,
la blanca margarita,
la azucena gentil y las volúbiles
que cuelgan de la rama estremecida.
Y dije: --¡Más!...
El viento
arrastraba rumores, ecos, risas,
murmullos misteriosos, aleteos,
músicas nunca oídas.
El hada entonces me llevó hasta el velo
que nos cubre las ansias infinitas,
la inspiración profunda,
y el alma de las liras.
Y lo rasgó. Allí todo era aurora.
En el fondo se vía
un bello rostro de mujer.
¡Oh, nunca,
Piérides, diréis las sacras dichas
que en el alma sintiera!
Con su vaga sonrisa:
--¿Más?... --dijo el hada. Yo tenía entonces
clavadas las pupilas
en el azul; y en mis ardientes manos
se posó mi cabeza pensativa...
[1887]